QUITO.- La crisis en Ecuador no altera la percepción de riesgo en América Latina, pero recuerda a los inversionistas que la región tiene dos caras: una que seduce al capital y otra que lo ahuyenta. Se siguió con preocupación la revuelta policial contra el presidente Rafael Correa, un economista de izquierda educado en Estados Unidos que había logrado convencer a muchos de que podría cabalgar la inestabilidad crónica en la nación miembro de la OPEP.

La revuelta difícilmente contagie a otros países o perturbe sus mercados, pero confirma la percepción de que la región marcha a dos velocidades. "A los países que siguen políticas más convencionales y disciplinadas, como Brasil, Colombia, Chile y Perú, les está yendo muy bien y son premiados con muy significativo flujo de capital y acceso a financiamiento a tasas muy bajas", dijo Alberto Ramos, economista jefe de Goldman Sachs para América Latina. "Y hay experimentos populistas que no tienen nada de innovador", comentó en alusión a Ecuador y Venezuela, donde el peso abrumador del Estado redujo la eficiencia macroeconómica. Argentina está a medio camino, pero es suficientemente rica para salir adelante, dice el analista.

Ecuador es considerado un país volátil con frágil tejido institucional. "Esa es una de las razones por las que las inversiones en el mercado de bonos e inversiones extranjeras directas han caído dramáticamente", dijo Jeff Finch, de Eurasia Group. Correa está pagando la cuenta de las políticas sociales que dispararon su popularidad pero pusieron a la economía contra las cuerdas. No tiene acceso a financiamiento externo desde que declaró en 2008 la cesación de pagos sobre bonos globales por U$S 3.200 millones. Tres predecesores de Correa fueron derrocados en poco más una década. (Reuters)